Tratamiento farmacológico de la LMC
| Enciclopedia médica - Leucemia Mieloide Crónica |
Quimioterápicos
Son fármacos que frenan el crecimiento de las células leucémicas pero no de manera selectiva. Con ellos se puede normalizar la cifra de leucocitos pero, al no actuar sobre el cromosoma Filadelfia, no curan la enfermedad y no evitan su evolución a la fase aguda. Se administran en general por vía oral en forma de cápsulas y suelen ser bastante bien tolerados, aunque en algunos pacientes pueden producir llagas en la boca o en las piernas.
Inmunomoduladores
Son fármacos que disminuyen la proliferación de las células leucémicas de la LMC y se administran en forma de inyecciones subcutáneas. Tras unas semanas de tratamiento permiten conseguir respuestas hematológicas (normalización de los leucocitos) en la mayoría de los pacientes en la fase crónica de la enfermedad. En algunos casos también disminuyen de forma intensa las células Ph-positivas de la médula (lo que llamamos respuestas citogenéticas mayores), pero para ello se requiere un tiempo más prolongado de tratamiento (en general, entre 6 y 18 meses). En cuanto a la remisión molecular (es decir, la desaparición del gen BCR/ABL) es excepcional, por lo que este tipo de tratamiento no cura la enfermedad.
Los efectos secundarios más importantes se desarrollan sobre todo al principio del tratamiento. Entre ellos destacan: fiebre, sudoración, cansancio, dolores musculares, de huesos o de articulaciones, malestar general (es decir, como si se pasara una gripe). A medio y largo plazo provoca falta de vitalidad, pérdida de peso y a veces depresión.
Fármacos inhibidores de la proteína tirosincinasa BCR/ABL
Estos fármacos, introducidos en la práctica clínica hace menos de 10 años, fueron diseñados para detener selectivamente el crecimiento de las células leucémicas, bloqueando la proteína tirosincinasa producida por el gen BCR/ ABL. Tras comprobarse su eficacia en enfermos con LMC en fase crónica de larga evolución que eran resistentes al tratamiento inmunomodulador (interferón) o toleraban mal dicho tratamiento, un estudio internacional muy amplio, que incluyó más de 1100 pacientes recién diagnosticados de la enfermedad, demostró que su eficacia era muy superior a la del tratamiento inmunomodulador y sus efectos secundarios considerablemente menores. Así, los inhibidores de tirosincinasa permiten obtener respuestas hematológicas completas en casi todos los pacientes y respuestas citogenéticas completas (desaparición del cromosoma Filadelfia de la médula ósea) en cerca del 90% de los casos, si bien habitualmente se sigue detectando la proteína BCR/ABL en la sangre a nivel molecular. Los buenos resultados obtenidos inicialmente con el primero de estos fármacos se han mantenido en la mayoría de los pacientes tras 7 años de empezar el tratamiento, por lo que éste se ha convertido en el tratamiento inicial de elección de los pacientes con LMC, desplazando al tratamiento inmunomodulador y al trasplante de progenitores hemopoyéticos. En la actualidad existen otros nuevos fármacos de este tipo, que son eficaces en muchos de los enfermos con resistencia o mala tolerancia al primero de estos inhibidores.


